ENTREVISTA A TOSHIRO YAMAUCHI, DIRECTOR DEL ZEN CENTER LATIN AMERICA - Por Renzo Iacomella
Durante la ausencia del maestro Kosen -que ya se extiende a tres años- el encargado del Zen Center Latin America es Toshiro Yamauchi. El dojo para practicar zazen en Buenos Aires supo estar en la calle Guatemala, luego Medrano, y luego Río de Janeiro. Hoy, la sede central se encuentra en Scalabrini Ortiz, y la primera emoción al entrar en contacto con el lugar es el desengaño; un poco respecto del Zen Center Latin America; otro poco, de su director. No tardará en entender el visitante prejuicioso y/o desprevenido que esto es -justamente- apenas una primera emoción.
El propio Toshiro fue quien abrió la puerta de la sede -que en principio no es más que un angosto pasillo- luciendo una remera negra de rockero o albañil, levemente percutida por polillas en el cuello, estirada en la cintura por la panza de un hombre imponente. El pasillo apenas le cedía espacio para pasar junto al umbral del dojo y para llegar a una puertita final, tras la que se escondía la faz menos esperada, menos solemne y menos oriental de toda la edificación: Una cocina/comedor absolutamente porteña, con una mujer -su esposa- totalmente criolla, de pie junto a la alacena, a la heladera, al almuerzo en plena cocción, tomando mate, y con un nene -su hijo- correteando entre las patas de la mesa y escapando al fondo de la casa al grito de: ¡El vuelo del aguila rubiaaa!
En realidad, toda esta introducción y todo este ambiente tienen mucho más de zen de lo que a primera vista se le aparece al visitante prejuicioso y/o desprevenido. Algo de esto comenzó a desprenderse de las propias palabras de Toshiro:
- No hay nada sagrado en el zen. Muchas veces los maestros prenden fuego las estatuas de Buda para demostrar que no hay nada sagrado. Sin embargo, el hábito con el que nos vestimos es sagrado. Este representa tu práctica, contiene el universo; es lo más puro, lo más alto del zen, después de la práctica. El zen es ante todo el zazen, que es su práctica.
El Zen Center Latin America representa una línea particular del zen entre otras: la del maestro Deshimaru. Deshimaru enseñó la práctica a Kosen, y Kosen enseñó la práctica a Toshiro, como en la cadena de engendramientos del libro de Mateo.
- El zen va cambiando, es como una semilla viva. Cuando fue a China se influyó por el confuscionismo, por el taoismo; en Japón influyó a toda la cultura japonesa, también tomó partes de esa cultura. Cuando fue a Europa, por ejemplo, los parisinos se le escapaban a Deshimaru para ir a tomar a un bar; entonces Deshimaru puso un bar en el templo, cuando en los templos de Japón eso no existía. Nosotros, acá, al quinto día de nuestras jornadas comemos un asadito, que no creo que los japoneses lo hicieran, ni los chinos. Lo que sí se guarda como un tesoro es la manera de practicar y la manera de coser nuestros hábitos.
Más allá de cualquier otra infraestructura, tradición o religiosidad, los elementos esenciales son esos pocos. Por un lado, la práctica: "Consta de dos partes: la ceremonia y la práctica misma. En la ceremonia se recita un sutra que es común en todo el budismo, que lo recitan los chinos, los tibetanos. Es el sutra de la sabiduría, que va más allá del más allá, el sutra del corazón. Pero nosotros hacemos la práctica más larga que esa ceremonia. Ella es la del zazen, la postura del despertar. Durante su realización no hay que querer alcanzar nada, sea lo que sea. Es solamente concentración sobre la postura, el cuerpo en flor de loto, es pura respiración y actitud del espíritu. La cabeza empuja el cielo y las rodillas, el suelo. El cuerpo se tensa como un arco cuya flecha sería el espíritu".
Por el otro lado, la vestimenta: "No tiene ningún sentido estético; su único sentido es para la práctica. Y tiene tres elementos: el kimono blanco, que es japonés; el kolomo, de mangas largas, negro, que es chino; y el tesa que es hindú. Así, la vestimenta de nuestra línea es japonesa, china e hindú, convergiendo", afirmó Toshiro mientras daba un sorbo al mate que sus manos abrazaban hasta hacerlo desaparecer.
También a primera vista, sus rasgos son orientales; con sus ojos de madrugada, su cabeza afeitada y su bigote a lo Miyagi, pero también a lo Cervantes. Pero en esto también la apariencia engaña: Toshiro, en algún punto, no fue siempre Toshiro, y en algún momento fue a Malvinas, a combatir, como otros tantos argentinos, y volvió, rearmó su vida, armó una banda de rock, Luis XV. La misma fue invitada a tocar en un festival en Francia representando a Buenos Aires junto a Charly García, La Portuaria y La Blurder, presentaciones por las que ganaron buen dinero y por las que pudieron pasear tres semanas por Europa. A Londrese Toshiro no quiso ir, veterano de guerra (ya veterano...), y se quedó en París, donde fue a conocer el dojo del heredero de Deshimaru, el maestro Kosen, a quien conoció y con quien practicó durante dos semanas, antes de volver a la Argentina, a cambiar su vida, con la vida ya cambiada.
- Entonces ya tenías interés, ya conocías algo del zen, ¿no?
- Había leído un libro del maestro Deshimaru en el baño de mi vieja.
Los doce movimientos
El creador de las artes marciales, de la técnica de los doce movimientos, Bodhidharma, fue a su vez quien llevó la tradición y filosofía zen de la India a la China. Al llegar al templo Shaolin, vió a los monjes hacinados; fue entonces que les enseñó una serie de técnicas para pelear y matar, para defenderse: el kung-fu. Bodhidharma y el budismo son el punto de contacto entre el zen y las artes marciales.
- Hay tres tipos de budismo -contó Toshiro-. Nosotros nos encuadramos en el budismo mahayana, quiere decir el gran vehículo. En él no interesa la evolución personal, sino que primero ayudás a que se salven todos, que se despierten todos. El final del sutra que recitamos en nuestra ceremonia dice: "Vamos todos, vamos todos; más allá del más allá..." Otro budismo es el vajrayana; es la doctrina del diamante, el budismo mágico. Y el tercero se llama hinayana; es el pequeño vehículo, en el que podemos incluir todas las prácticas que hacen que el hombre individual evolucione, que le hacen bien: el yoga, el tai chi chuan, el tiro al blanco, la cocina, etc. Son prácticas, caminos. El Do está en todas partes: yudo, kiudo... La palabra vía, la palabra camino, está presente en todas esas artes marciales... Pero lo que hay que entender es que el camino está abajo de los pies. Quiero decir: no sólo está en el ikebana, no solo está en el judo; sino que también puede estar en un rock and roll; a cada momento, en cada cosa. Podés tener el despertar a cada momento, actuando en una obra de teatro o jugando al golf.
- Pero entonces, ¿no existe un dogma, una "Biblia zen"?
- Lo más parecido a un texto sagrado como tal son los sutras. Pero el budismo no es para nada dogmático. Buda dice: “Todas las verdades son refutables”. En el budismo no se afirma Blanco/Negro; se afirma Blanco y Negro a la vez. Por ejemplo, una vez estaba un periodista de La Nación con mi Maestro y le pregunta: "¿Qué puede decir de la reencarnación?" Y mi Maestro dice: "¿Quién volvió de la muerte para contarlo? La leña no puede conocer a la ceniza." Termina la nota, se fue el periodista, nos quedamos con mi Maestro tomando una cerveza y él dice: “En mi vida anterior...” Es así, no hay nada irrefutable...
- ¿No se corre el peligro de que se utilice al zen de cualquier manera, poco respetuosa?
- Y... por ejemplo, al karate, kung-fu, en Occidente se ponen categorías, el cinturón, etcétera... Esas pelotudeces también están en el zen, hasta en nosotros mismos: “Ay, yo soy más antiguo que aquel”. Boludos, dice Menotti, hay en todas partes. El zen no está exento de los boludos.
- ¿Vos sos budista?
- Sí.
- ¿Los que practican zazen son budistas?
- No. Tenemos judíos, tenemos católicos. No discriminamos a nadie. Solamente si estás drogado, te decimos "no". Si estás borracho, te decimos "volvé cuando estés bien". Si estás loco, "andá al psiquiátrico y después volvé"... No somos un hospital, no somos una clínica. Nuestro objetivo no es que la gente se cure, que le haga bien. No. Sí invitarlos a que empiecen el viaje hacia el interior, hacia el Buda interior, hacia el Maestro interior.
- Y si te pregunto a vos lo que aquel periodista de La Nación le preguntaba a tu Maestro, si existe la reencarnación, ¿qué dirías?
- No sé. Cada uno tiene que descubrirlo por su cuenta. Por ejemplo, en mi vida anterior...

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