Golpes milenarios y sabiduría oriental
Por Sabrina Díaz Virzi
Copiar movimientos de animales sigilosos. Ejercitar los puños. Controlar
El término “kung fu” proviene del chino cantonés y su significado es “desarrollo total” o “maestría” (kung: trabajo; fu: maduro, sabio). Carlos Galarza, 5º tuan en kung fu, campeón mundial en Pekín y profesor de artes marciales, ejemplifica: “si sos cocinero, vas a buscar la maestría en cocina e intentarás ser el mejor cocinero. Lo mismo en el combate o en cualquier actividad. Buscarás ser el mejor”.
El kung fu nace en los templos Shaolin de China de la mano de monjes budistas que, debido al clima adverso y la altura elevada, desarrollaron una serie de ejercicios aeróbicos para mejorar su respiración, circulación y condición muscular y mantener su salud. Además, los constantes robos y asaltos que éstos sufrían hicieron que estas técnicas comiencen a incluir métodos de defensa y ataque. Ellas estaban inspiradas en el estudio de las posturas de diferentes animales. Así, los monjes adaptaron el medio que los rodeaba para la confección de este arte marcial. Por ejemplo, todas las armas que se manejan (bastones, lanzas, cuchillos o espadas) son herramientas de labranza que éstos comenzaron a utilizar para defenderse.
La jerarquía de los practicantes se pone en evidencia a través del uso de cinturones de diferentes colores que varían según la antigüedad y los exámenes rendidos: el blanco es para los recién iniciados y el negro es el de los más sabios, pasando por verde, azul o rojo con varios escalones (plasmados en cintitas blancas cosidas en el cinturón). Esto también tiene su origen milenario, ya que los monjes que recién comenzaban a practicar tenían su vestimenta blanca y limpia pero, con el tiempo, ésta debería ir ensuciándose con el verde del pasto o el rojo de la sangre, lo que implicaba que era una persona dedicada en
Pero el kung fu no sólo implica una rigurosa preparación física
sino también espiritual: existe una diferenciación entre el kung fu dedicado a ejercitar el cuerpo (externo) y aquel que entrena la mente y el espíritu (interno). “Son hermanas, como el jing y el jang, como la vida: el cielo y la tierra, el agua y el fuego, el sol y la noche, el hombre y
Los estilos de kuo shu o wu shu se multiplicaron, principalmente, por la geografía del terreno donde se practicaba (montañas, pantanos, junglas o llanuras) y por eso se dice que “existen tantos estilos como días del año”. Sin embargo, hay muchas técnicas que desaparecieron como consecuencia de las peleas a muerte que se realizaban en la antigüedad con el objetivo de poner a prueba los estilos, en las cuales el ganador se apropiaba de la escuela del derrotado. Por ejemplo, el “estómago de algodón” era un estilo interno que trabajaba la energía pero desapareció porque no podía competir con otras técnicas más fuertes para el combate.
Estas artes pueden subdividirse también según su lugar de origen: en el sur de China, el trabajo con las piernas constituyen el eje del combate, hay saltos y mucha acrobacia y sus movimientos son flexibles y elásticos. En el norte, en cambio, los golpes de puño son tan protagonistas como las patadas y sus movimientos se basan en animales que viven casi al ras del piso, como la serpiente o el tigre.
La práctica de un arte marcial incluye tanto las peleas cuerpo a cuerpo (para las cuales el entrenamiento físico es fundamental) como el aprendizaje de las distintas “formas”, esquemas de movimientos de ataque y defensa que, utilizando o no armas, desarrollan un enfrentamiento con uno o más enemigos imaginarios. En el kuo shu o wu shu, estas rutinas preestablecidas de combate fueron diseñadas imitando los movimientos de lucha de distintos animales como el mono, leopardo, grulla, mantis, ave fénix o dragón.
En Occidente, la difusión de este arte marcial comenzó en los últimos años del sigo XIX con la llamada “Revolución de los bóxers”, un movimiento contra la influencia comercial, política, religiosa y tecnológica extranjera en China. Pero la Argentina se inició varias décadas después, con el arribo de los maestros Chen ChingWein en 1970 y Tun Kun Shato en 1972. Este último creó a fines de la década
Actualmente, existen en Argentina muchas escuelas de artes marciales que, además de difundir estas técnicas, organizan torneos locales y compiten a nivel internacional. Entre ellas se encuentra el Campeonato Mundial de Artes Marciales Chinas que se realiza cada dos años.
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