Katanas - El arte de matar
El legendario e irrompible sable Samurai es considerado por muchos como el arma más poderosa de las artes marciales. Fabricada durante siglos con acero plegado de Damasco, su filo sentencia a la pena de muerte. El mito detrás del metal, sus usos actuales, modos de fabricación y su presencia en nuestro país, en esta nota.
Por Jimena Sánchez
"El que desea sacar la espada es un principiante. El que puede sacar la espada es un experto. El que es la espada misma es un maestro"
(Risuke Otake)
El alma Samurai está forjada en acero. Y no es una figura literaria. Los 21 gramos del experimento que alimentó el mito del alma humana, suben a aproximadamente un kilo cuando se trata del espíritu de un guerrero japonés.
En las calles del Japón feudal, eran fácilmente reconocibles por portar dos espadas: la Katana (de 60 a 90 cm.) y una más pequeña llamada Wakisashi destinada al uso en espacios cerrados. Este conjunto se denominaba Daisho y representaba el status máximo de los Samurais, simbolizando, por ser privilegio exclusivo de la clase, el orgullo del guerrero. Llevaban consigo también una tercera arma: el Tanto. Esta especie de puñal fino no se llevaba a la vista y era usado sólo en caso de emergencia.
Tres puntos importantes diferencian a la Katana de cualquier otro sable: su eficacia como arma, lo minucioso de su hechura y su carácter representativo. La combinación de filo y agilidad de desenvaine acentúan su poder, que radica en haber sido diseñada para matar. Para que un corte sea suficiente y ponga punto final a cualquier batalla.
Más allá de su potencia física se esconde un mito, tal vez más poderoso que el acero.
Héroe de Leyenda
Si un niño estaba destinado a ser Samurai, al cumplir los 15 años durante una ceremonia conocida como Genpuku recibía un nombre de adulto y comenzaba a tener el derecho de portar una Katana. Por lo general el sable estaba asegurado con cuerdas para evitar su desenvaine accidental.
El hecho de estar sujeto por amarras, se debía a la creencia de que un portador de sables era un señor dador de vida o muerte. Una vez desenvainado, el sable debía usarse. Sí o sí. Se creía que la Katana reclamaba una víctima en compensación por "haber sido despertada".
Debido a que el samurai consideraba al sable como su propia alma, si esta era tocada por otro bushi (hombre de guerra) se desataba un duelo ineludible. Ahora, si quien cometía tal error no pertenecía a la nobleza, esto significaba su inmediata muerte a manos del dueño de la espada.
Los Samurai llevaban siempre su Katana consigo, inclusive mientras dormían. La unión entre guerrero y metal era como el fuego que templa el sable.
Mil hojas
Las espadas japonesas son fabricadas mediante un elaborado método de calentamiento reiterado. Plegando y uniendo el metal. Su curvatura distintiva se debe, en parte, al trato diferencial al que es sometida durante el calentamiento. En contraste con la mayoría de las espadas producidas en el mundo, los herreros japoneses no endurecen el sable completo, sino únicamente el lado que posee filo. La combinación de un lado duro y otro blando es la causa de su resistencia, a pesar de retener un filo extremadamente cortante.
Para aprender a manejar una Katana, existe un tipo de arma llamada bokken, que tiene la misma forma pero está realizada en madera. Su aplicación sirve para perfeccionar el movimiento sin ningún tipo de peligro, y así practicar durante los entrenamientos para llegar a un verdadero Kumiai, tal como se denomina al combate con Katanas.
En Argentina hay dos maneras de conseguir una Katana: encargarla a un forjador artesanal, o adquirirla a uno de los distribuidores que importan armas realizadas, por ejemplo, en Tailandia. Thaitsuki Nihonto es un ejemplo de esta última opción. Instalados en Rosario (Santa Fe) importan Katanas que rondan entre los 450 y los 1000 dólares. En esta tierra alejada del imperio del Sol, se utilizan para la práctica de artes marciales como el Iaido, Kendo, Iaijutsu, Ninjitsu y para la práctica de Tamashigiri (corte de juncos y bambú).
Los que no se olvidan de lo artesanal, pueden encontrar refugio en el taller que Miguel Ángel Gugliotta tiene en Villa Soldati. “La Katana es una pieza que despierta admiración y también tremendas fantasías. Con el correr del tiempo se le han adjudicado proezas sensacionales tales, que poca gente sabe con seguridad de lo que es capaz una Katana bien esgrimida. Para esto es indispensable que el arma esté forjada para la persona que la va a usar, no sólo considerando en sus medidas físicas, sino teniendo en cuenta su personalidad. Sólo así se puede lograr que el sable sea la continuación de su mano”, explica Miguel.
Miguel y Félix afirman que el tiempo que se tarda en hacer una Katana depende del tipo de acero, el estilo de la hoja, y el Koshirae (partes que conforman la empuñadura). “Puede tardar seis meses, un año, o un año y medio. El tiempo lo exige cada Katana. No se puede apresurar el proceso sin correr el riesgo de disminuir la calidad”, sostienen.
El fuego de la pasión en el taller de Gugliotta también es literal. Como el alma Samurai forjada en acero. Entre llamas arde lo que en tiempo indefinido será una nueva Katana. Su dueño espera paciente el encuentro con una parte de si.
Hattori Hanzo le entrega su katana a Mamba Negra en el film Kill Bill.