jueves, 27 de septiembre de 2007

DIARIO DE COMBATE

Durante siete horas el Jardín Japonés fue el escenario donde artes marciales como el Karate, el Aikido y el Kenpo desarrollaron su amplio repertorio. Distintas escuelas e institutos de la Capital Federal y Gran Buenos Aires mostraron sus técnicas.


Por Emiliano Bezus Espinosa

El sábado 22 de Septiembre el Jardín Japonés organizó una Jornada de Artes Marciales. La misma fue de siete horas de duración y consistió en una muestra de las distintas prácticas de combate orientales, como el Karate, Aikido y Taidokai Kenpo. A $5 la entrada un importante caudal de personas accedió a demostraciones que duraron entre 40 y 50 minutos, mostrando como importante detalle la puntualidad de lo programado.
En la avenida Casares a
l 2966 se erige el complejo oriental, al fondo de su interior el Salón Cultural fue el recinto elegido para el desarrollo de la jornada. En la sala principal del mismo, un tatami de 6 metros por 6 hecho de goma espuma fue la arena donde se desarrollaron las prácticas físicas. Iluminado por el sol que entraba por los amplios ventanales del recinto y los focos que apuntaban al tatami, ningún detalle quedaba librado al azar en la correcta organización del evento. El público (amantes de las artes marciales, familiares de los expositores y algunos curiosos) se ubicaba cómodamente en las sillas que rodeaban al sitio de combate. Toda la ceremonia fue dirigida y presentada por un coordinador del Jardín Japonés, desde un púlpito situado al final de la habitación.

La actividad comenzó a las 11 en punto de la mañana, con la demostración de Aikido realizada por el Instituto Murata Dojo, a cargo del Sensei Katsuyoshi Murata. A lo largo de casi 45 minutos, los integrantes del Instituto Murata desplegaron variados métodos de combate y sistemas de autodefensa, basados en elegantes movimientos circulares.

Al término de la primera exhibición el público fue rotando. Algunos de los que habían ido a ver a sus familiares dejaban el Salón Cultural, otros se quedaban y entraban quienes iban a presenciar la siguiente demostración. Asimismo una señora de limpieza, armada con una palita y escobillón se encargó de limpiar el tatami. Estos dos rasgos se repetirían durante toda la jornada, en cada uno de los intervalos entre los que entraba y salían los participantes de cada instituto y asociación.

A las 12 horas hizo presencia en el tatami la Asociación Okinawa Karate-Do estilo Shohei Ryu a cargo del Sensei Kaoru Miyagi. Primero hubo una demostración del kata (secuencia de movimientos) Kanshiwa en forma de parejas, en la que participaron 4 mujeres y 4 varones, dirigidos por el Sensei. Luego de este kata y los restantes que sucederían a lo largo de la exhibición de la Asociación, se mostró al público el análisis del mismo que consistió en el enfrentamiento de uno contra uno. Promediando la mitad de la presentación el público disfrutó de ejercicios para el cuerpo y la mente, que consistían en la resistencia de golpes al cuerpo: brazos, espalda, tórax y piernas. El Sensei Miyagi golpeaba tanto con el puño cerrado como con la mano abierta a uno de sus alumnos, que permanecía estoico y con la mirada inmóvil. Luego de esas patadas y puñetazos vino la parte en que partieron maderas. Cuadrados de madera de 20 centímetros por 20 y barras del mismo material de un metro y medio de largo y aproximadamente 7 centímetros de grosor, eran partidos por los alumnos. Los espectadores soltaban varios “!uhhhhh¡” cuando los cuerpos eran impactados y fuertes aplausos al momento que las maderas se partían. Por último, el Sensei cerró la exhibición con una demostración de ataques y defensas, basadas en posiciones de animales chinos como la grulla y el dragón. Con el saludo de los alumnos y Kaoru Miyagi al público y luego entre ellos, finalizó a la una menos cuarto la presentación de la Asociación Okinawa.

Luego del correspondiente cambio de público y el aseo del tatami, a las 13 horas arrancó la muestra de Aikido – laido del Instituto Buenos Aires Aikikai – Takemusu Aikikai, a cargo de Roberto Sánchez. Alumnos vestidos con el clásico traje blanco y quienes tienen jerarquía más alta embutidos en la tradicional vestimenta denominada Hakama, conformaban la delegación del Instituto. Roberto Sánchez abrió el espacio con una introducción histórica sobre los orígenes del Aikido, tanto en oriente como en nuestro país. Posteriormente, unos once chiquitos de no más de 10 años de edad, comenzaron con ejercicios físicos, ya que como relataba Sánchez desde el púlpito “Los chicos son los que más rápido se cansan”. También practicaron con una pelota de goma enorme, incluso más grande que alguno de los niños. Cuando se le preguntó a Roberto por este especial ejercicio el contestó “Los chicos aprenden jugando y divirtiéndose”. Finalizada la intervención de los niños, un grupo de dos mayores armados con sus katanas, realizaron un entrenamiento en base a una técnica que “sirve para cortar nuestro ego”. También se mostraron 10 ejercicios para 1er Dan. Algunas de las técnicas que se vieron fueron: Murote Dokinikio, Yomenuchi Ikio, Katamenuchi Kokiunase. Luego de 50 minutos de enérgica actividad Roberto Sánchez y sus alumnos se despidieron, recibiendo un flujo de aplausos y contestando con el clásico golpeteo de las palmas de las manos sobre el tatami.

A las 14 h
oras la actividad nuevamente se reanudó con otra muestra de Karate de la mano de la Asociación Shorim-Ryu de Karate –Do y Kobudo Shin-shu-kan, a cargo de Sensei Emito Ganiko. Luego hubo una demostración de Taidokai Kenpo por la Asociación Argentina de Kenpo y de ahí en más, se sucedieron nuevas exhibiciones de Aikido y Karate. Sin que ningún otro estilo de arte de arte marcial desenvolviera sus energías, la jornada concluyó a las seis de la tarde, hora en que el Jardín Japonés puntualmente cierra sus puertas.

ENTREVISTA A TOSHIRO YAMAUCHI, DIRECTOR DEL ZEN CENTER LATIN AMERICA - Por Renzo Iacomella

EL ARCO Y LA FLECHA

Durante la ausencia del maestro Kosen -que ya se extiende a tres años- el encargado del Zen Center Latin America es Toshiro Yamauchi. El dojo para practicar zazen en Buenos Aires supo estar en la calle Guatemala, luego Medrano, y luego Río de Janeiro. Hoy, la sede central se encuentra en Scalabrini Ortiz, y la primera emoción al entrar en contacto con el lugar es el desengaño; un poco respecto del Zen Center Latin America; otro poco, de su director. No tardará en entender el visitante prejuicioso y/o desprevenido que esto es -justamente- apenas una primera emoción.

El propio Toshiro fue quien abrió la puerta de la sede -que en principio no es más que un angosto pasillo- luciendo una remera negra de rockero o albañil, levemente percutida por polillas en el cuello, estirada en la cintura por la panza de un hombre imponente. El pasillo apenas le cedía espacio para pasar junto al umbral del dojo y para llegar a una puertita final, tras la que se escondía la faz menos esperada, menos solemne y menos oriental de toda la edificación: Una cocina/comedor absolutamente porteña, con una mujer -su esposa- totalmente criolla, de pie junto a la alacena, a la heladera, al almuerzo en plena cocción, tomando mate, y con un nene -su hijo- correteando entre las patas de la mesa y escapando al fondo de la casa al grito de: ¡El vuelo del aguila rubiaaa!

En realidad, toda esta introducción y todo este ambiente tienen mucho más de zen de lo que a primera vista se le aparece al visitante prejuicioso y/o desprevenido. Algo de esto comenzó a desprenderse de las propias palabras de Toshiro:

- No hay nada sagrado en el zen. Muchas veces los maestros prenden fuego las estatuas de Buda para demostrar que no hay nada sagrado. Sin embargo, el hábito con el que nos vestimos es sagrado. Este representa tu práctica, contiene el universo; es lo más puro, lo más alto del zen, después de la práctica. El zen es ante todo el zazen, que es su práctica.

El Zen Center Latin America representa una línea particular del zen entre otras: la del maestro Deshimaru. Deshimaru enseñó la práctica a Kosen, y Kosen enseñó la práctica a Toshiro, como en la cadena de engendramientos del libro de Mateo.

- El zen va cambiando, es como una semilla viva. Cuando fue a China se influyó por el confuscionismo, por el taoismo; en Japón influyó a toda la cultura japonesa, también tomó partes de esa cultura. Cuando fue a Europa, por ejemplo, los parisinos se le escapaban a Deshimaru para ir a tomar a un bar; entonces Deshimaru puso un bar en el templo, cuando en los templos de Japón eso no existía. Nosotros, acá, al quinto día de nuestras jornadas comemos un asadito, que no creo que los japoneses lo hicieran, ni los chinos. Lo que sí se guarda como un tesoro es la manera de practicar y la manera de coser nuestros hábitos.

Más allá de cualquier otra infraestructura, tradición o religiosidad, los elementos esenciales son esos pocos. Por un lado, la práctica: "Consta de dos partes: la ceremonia y la práctica misma. En la ceremonia se recita un sutra que es común en todo el budismo, que lo recitan los chinos, los tibetanos. Es el sutra de la sabiduría, que va más allá del más allá, el sutra del corazón. Pero nosotros hacemos la práctica más larga que esa ceremonia. Ella es la del zazen, la postura del despertar. Durante su realización no hay que querer alcanzar nada, sea lo que sea. Es solamente concentración sobre la postura, el cuerpo en flor de loto, es pura respiración y actitud del espíritu. La cabeza empuja el cielo y las rodillas, el suelo. El cuerpo se tensa como un arco cuya flecha sería el espíritu".

Por el otro lado, la vestimenta: "No tiene ningún sentido estético; su único sentido es para la práctica. Y tiene tres elementos: el kimono blanco, que es japonés; el kolomo, de mangas largas, negro, que es chino; y el tesa que es hindú. Así, la vestimenta de nuestra línea es japonesa, china e hindú, convergiendo", afirmó Toshiro mientras daba un sorbo al mate que sus manos abrazaban hasta hacerlo desaparecer.

También a primera vista, sus rasgos son orientales; con sus ojos de madrugada, su cabeza afeitada y su bigote a lo Miyagi, pero también a lo Cervantes. Pero en esto también la apariencia engaña: Toshiro, en algún punto, no fue siempre Toshiro, y en algún momento fue a Malvinas, a combatir, como otros tantos argentinos, y volvió, rearmó su vida, armó una banda de rock, Luis XV. La misma fue invitada a tocar en un festival en Francia representando a Buenos Aires junto a Charly García, La Portuaria y La Blurder, presentaciones por las que ganaron buen dinero y por las que pudieron pasear tres semanas por Europa. A Londrese Toshiro no quiso ir, veterano de guerra (ya veterano...), y se quedó en París, donde fue a conocer el dojo del heredero de Deshimaru, el maestro Kosen, a quien conoció y con quien practicó durante dos semanas, antes de volver a la Argentina, a cambiar su vida, con la vida ya cambiada.

- Entonces ya tenías interés, ya conocías algo del zen, ¿no?

- Había leído un libro del maestro Deshimaru en el baño de mi vieja.

Los doce movimientos

El creador de las artes marciales, de la técnica de los doce movimientos, Bodhidharma, fue a su vez quien llevó la tradición y filosofía zen de la India a la China. Al llegar al templo Shaolin, vió a los monjes hacinados; fue entonces que les enseñó una serie de técnicas para pelear y matar, para defenderse: el kung-fu. Bodhidharma y el budismo son el punto de contacto entre el zen y las artes marciales.

- Hay tres tipos de budismo -contó Toshiro-. Nosotros nos encuadramos en el budismo mahayana, quiere decir el gran vehículo. En él no interesa la evolución personal, sino que primero ayudás a que se salven todos, que se despierten todos. El final del sutra que recitamos en nuestra ceremonia dice: "Vamos todos, vamos todos; más allá del más allá..." Otro budismo es el vajrayana; es la doctrina del diamante, el budismo mágico. Y el tercero se llama hinayana; es el pequeño vehículo, en el que podemos incluir todas las prácticas que hacen que el hombre individual evolucione, que le hacen bien: el yoga, el tai chi chuan, el tiro al blanco, la cocina, etc. Son prácticas, caminos. El Do está en todas partes: yudo, kiudo... La palabra vía, la palabra camino, está presente en todas esas artes marciales... Pero lo que hay que entender es que el camino está abajo de los pies. Quiero decir: no sólo está en el ikebana, no solo está en el judo; sino que también puede estar en un rock and roll; a cada momento, en cada cosa. Podés tener el despertar a cada momento, actuando en una obra de teatro o jugando al golf.

- Pero entonces, ¿no existe un dogma, una "Biblia zen"?

- Lo más parecido a un texto sagrado como tal son los sutras. Pero el budismo no es para nada dogmático. Buda dice: “Todas las verdades son refutables”. En el budismo no se afirma Blanco/Negro; se afirma Blanco y Negro a la vez. Por ejemplo, una vez estaba un periodista de La Nación con mi Maestro y le pregunta: "¿Qué puede decir de la reencarnación?" Y mi Maestro dice: "¿Quién volvió de la muerte para contarlo? La leña no puede conocer a la ceniza." Termina la nota, se fue el periodista, nos quedamos con mi Maestro tomando una cerveza y él dice: “En mi vida anterior...” Es así, no hay nada irrefutable...

- ¿No se corre el peligro de que se utilice al zen de cualquier manera, poco respetuosa?

- Y... por ejemplo, al karate, kung-fu, en Occidente se ponen categorías, el cinturón, etcétera... Esas pelotudeces también están en el zen, hasta en nosotros mismos: “Ay, yo soy más antiguo que aquel”. Boludos, dice Menotti, hay en todas partes. El zen no está exento de los boludos.

- ¿Vos sos budista?

- Sí.

- ¿Los que practican zazen son budistas?

- No. Tenemos judíos, tenemos católicos. No discriminamos a nadie. Solamente si estás drogado, te decimos "no". Si estás borracho, te decimos "volvé cuando estés bien". Si estás loco, "andá al psiquiátrico y después volvé"... No somos un hospital, no somos una clínica. Nuestro objetivo no es que la gente se cure, que le haga bien. No. Sí invitarlos a que empiecen el viaje hacia el interior, hacia el Buda interior, hacia el Maestro interior.

- Y si te pregunto a vos lo que aquel periodista de La Nación le preguntaba a tu Maestro, si existe la reencarnación, ¿qué dirías?

- No sé. Cada uno tiene que descubrirlo por su cuenta. Por ejemplo, en mi vida anterior...

Libros recomendados

La editorial Kier presenta una colección denominada el Sendero del Guerrero. En esta ocasión les recomendamos tres títulos de la misma para que puedan aprender y disfrutar.


Karate y kobudo okinawense, de Shigeo Nakazato. El autor es un maestro que lleva más de 30 años en la enseñanza estilo Zen Sho Shorinji Kenpo No Tumai Ti. El libro explica las principales características de estas dos artes marciales y su valor es de $40.


La esencia del karate do okinawense, de Shoshin Nagamine. Este maestro, nacido, al igual que el karate en Okinawa, la mayor isla del archipiélago japonés de Ryuku nos deleita con sus palabras acerca de las escenas más importantes del karate y cómo se lo lleva a cabo. Además realiza una detallada revisión histórica y aporta sus experiencias personales que ocurrieron a lo largo de su vida dedicada a este arte marcial. Hay un conjunto completo de fotografías para ilustrar los movimientos adecuados que plasman a la filosofía que los guía. Precio: $38.

Aikido, el desafio del guerrero, de Masafumi Sakanashi. En este libro, Shihan Masafumi Sakanashi desarrolla con claridad los principios básicos de la filosofía marcial del Kaizen, la evolución continua, como una posibilidad real para toda persona que asuma el compromiso de transitar el camino del Aikido. Además de ahondar en la esencia de este arte tan peculiar, es muy accesible ya que su valor es de $20.



Películas recomendadas

Karate kid
Esta película, que ya tiene unos veintitrés años pero que sigue recogiendo fanáticos por todo el mundo, fue dirigida por John G. Avildsen y sus actores principales eran el joven Ralph Macchio y el recordado Pat Morita. La historia es sobre un adolescente (Daniel) que llega a Los Ángeles y debe encontrar nuevos amigos pero en su lugar conoce a una hermosa chica. El problema es que ella era la ex novia del líder de un violento grupo de estudiantes de karate, llamado Los Cobras. Pero Daniel acude al señor Miyagi, un maestro de artes marciales, quien lo había defendido en uno de los ataques de esa banda, para que le enseñe a defenderse.


“El Furor del Dragón”

Bruce Lee dirigió esta película y además la protagonizó junto a Chuck Norris en 1973. Lee va a Italia a ayudar a una mujer que tiene problemas con su restaurante por culpa de unos mafiosos. Cuando éstos se dan cuenta que no pueden con él contratan a otro hombre que le haga frente que es el famoso Norris. Lo más fascinante como en todas las películas de Bruce Lee es contemplar la práctica de las artes marciales que demuestra con todos sus dotes en cada escena.

“Fearless”

Esta es la más nueva de las recomendaciones de esta edición. Protagonizada por Jet Li y dirigida por Ronny Yu tiene lugar en la China de la primera década del siglo XX. El país sufre de corrupción y de la invasión extranjera. El joven Hou Yuanjia mata accidentalmente a su oponente en un combate que era hijo de un mafioso local. Éste se vengará en la familia Huo, y a Hou Yuanjia no le quedará más remedio que huir. Se pasará 3 años en un pequeño pueblo de Tailandia. Durante ese tiempo, una chica ciega llamada Yue Ci, será su guía espiritual.

Lugares para aprender

  • Fundación Aikido Argentina: Echeverría 1582. Tel.: 4781-7187. www.fundacionaikido.org
  • Kyokushin Kai: Rodriguez Peña 1087. Tel: 4813-0096.
  • Leonardo Rodríguez. Cochabamba 2254 Tel: 4941-0333.

Agenda de eventos

Septiembre:

  • 30: Tae – Kwondo: "COPA MAESTRO LEE", Parque Chacabuco sito en Asamblea y Curapaligue.
  • 30: Fiesta Aniversario Kobukan Dojo. A las 15:30 hs.se realizará la fiesta aniversario por los 25 años del Kobukan Dojo en el Teatro Santa María, sito en Montevideo 842. Se verán exhibiciones de Aikido, Brazilian Jiu Jitsu, Hapkido, Kali Filipino, Kung Fu, Ninjutsu, Sipalki y Taekwondo. Más información: 4374-4443.
  • 30: peleas de vale todo mixed martial arts en el microestadio de Ferrocarril Oeste. Consultas: eleushie@hotmail.com. Entradas: $30.


Octubre:

  • 14: "6ª Abierto de Bs. As. TKD. CHAMPIONSHIPS 2007" (Club Ferrocarril Oeste de Merlo Laprida y Garay 200 metros Estación Merlo).