sábado, 20 de octubre de 2007

“Debo estar un poco pirucho, pero bueno, es lo que me gusta”

Entrevista a Néstor Varzé - Por Emiliano Bezus Espinosa

Dentro de la carpa verde del Jardín Japonés aún se escuchaban los murmullos domingueros de los niños, mientras el Sensei Néstor Varzé se sacaba la armadura de treinta kilos de peso. El casco había quedado en el escenario, junto al altar donde reposó su katana. Enormes ojos de pequeños y adultos miraron cada uno de sus orientales movimientos, desde el filo del metal cortando el aire hasta el grito de guerra del cuerno. Detrás del decorado en el cual durante casi media hora exhibió su show “Samurai, espíritu guerrero” este porteño de cincuenta años habló, entre otras cosas, sobre la enseñanza del karate a los niños, de la carta que le envió a Jorge Telerman, y de su próximo espectáculo en el Luna Park.

Amablemente y algo agitado por la intensa actividad física, Néstor, poseedor de un record mundial de rotura de diez barras de hielos de un solo golpe, y otro también mundial de cincuenta maderas en cuarenta y siete segundos; se explayó detalladamente respecto a la preparación de su performance artística.
—Con este show estoy todos los domingos y los feriados en el jardín japonés. Nació hace cuatro años, la idea era hacerlo para un solo domingo y como a la gente le gustó, lo empezamos a hacer todos los domingos. Está lindo porque la gente ve un poquito de la cultura japonesa y yo me mantengo en estado porque me entretengo arriba del escenario, estoy veinticinco minutos solito moviéndome ahí arriba. Es un unipersonal, la idea era no usar mucha gente porque el lugar no es muy grande tampoco y con el tema de la armadura se complica mucho.


También llevas el show a algunas localidades del interior del país.
—Sí, el fin de semana pasado estuve en Río Cuarto. Ya es la segunda vez que voy a hacerlo a Córdoba, para la municipalidad de Río Cuarto. El show es a beneficio siempre, yo no les cobro. Lo único que hacen es pagarme el viaje y la estadía en el hotel. Ahora quieren que vaya a la ciudad de Córdoba para el año que viene. Después lo hacemos con otros lugares, por ejemplo cuando el Jardín organiza convenciones. La otra vez se hizo "Japón en Adrogué" y uno de los espectáculos que llevamos fue este. Pero realmente me gusta mucho hacerlo acá, me siento en mi casa.
Hace cinco años que Néstor Varzé fabrica con sus propias manos, las míticas armaduras de los guerreros samuráis. Es el único en toda Sudamérica. La que él usa en escena pesa treinta kilos, algunas llegan a pesar hasta cincuenta y son resistentes a las balas. Dependiendo de la armadura, tarda entre cuarenta y cinco días a dos meses en confeccionar una.
—La hechura de la armadura no tiene ningún rito especial. La postura de ella sí. Toda la armadura se coloca siempre primero la pieza izquierda. Y cuando se saca también, hay que sacarse siempre la pieza izquierda. Eso porque el samurai manejaba siempre con la izquierda, no con la derecha. O sea, el samurai todo lo iniciaba con la mano y la pierna izquierda. Cuando ellos rompían ese ritual era porque directamente iban a morir en la batalla.

¿Cuántas construiste?
—Tengo hechas quince. Mandé dos a España. Después envié otra un muchacho a Córdoba. Y en casa tengo doce. Yo las tengo para vender. Pero te digo lo que hago, no soy un buen comerciante. No soy un buen comerciante porque, por ejemplo vos venís a mi casa y me decís “Te quiero comprar una armadura de estas”, y ya me da cosa. ¿Sabés que pasa?, las tengo como... no se si decir hobby, pero me gusta mucho cuando las termino, y me cuesta mucho desprendérmelas.
Con cuatro décadas de camino recorrido en el Karate-Do, Néstor Varzé es Séptimo Dan. Hasta principios del 2007 hacía dieciocho años que no instruía niños.

¿Por qué volviste a enseñar a los chicos?
—Porque hoy en la sociedad falta respeto. Entonces decidí volver a enseñar a los chicos, para inculcarles un poquito eso. Para ayudar un poquito a los maestros de colegio a enseñarles el respeto que enseñan las artes marciales, y el tema del honor.

¿Por qué crees que se perdió todo eso?
—Porque la sociedad es muy rápida hoy, todo es muy mecanizado. A mí me enseñaron las artes marciales que las puntas son todas malas, los extremos son todos malos. Hoy pasa todo por una computadora, todos hablamos con celular, todo muy rápido. Entonces viste, es una cadena de sucesos y la gente se olvida de las cosas tradicionales. Y a eso le sumás el consumo de alcohol, drogas, cigarrillo. Los padres lamentablemente están sobrepasados, algunos porque no son buenos padres, y otros porque quieren ser buenos padres pero no pueden. Están casi todas las horas del día laburando y no pueden dedicarle tiempo a los chicos. Esa cadena de eventos hizo que hoy tengamos una sociedad que te pisa. A mí me pasó que me pisaron en el colectivo y yo miré así, y el tipo me dice: “Si ponés el pie…”. Me hubiera dicho disculpame y le hubiera dicho “No te hagas problema”.

¿Y a los chicos, como les transmitís esos valores?
—Yo les transmito como me enseñaron a mí. El honor, el respeto, el respeto hacia los mayores. Trato de inculcárselos lo mejor posible. De por sí las clases de artes marciales son sumamente y extremadamente respetuosas. El karate es okinawense, y Okinawa es considerada la capital del respeto. Entonces, decidí aportar mi pequeñito granito de arena en enseñarles a los chicos, a ver si podemos ayudarlos. Por eso volví a enseñar. Porque los grandes ya están arruinados. Algunos grandes vienen, se ponen en el dojo y te dicen “Hola Sensei” y después viene otro y te dice “Qué hacés che, ¿Cómo andás?”. En las artes japonesas es todo tradición, todo. Vos entrás, saludás al dojo, saludás al que está a cargo de la clase y no hablás más hasta que te vas. Sólo venís a practicar y a aprender, tanto de cortesía como de técnica de combate, y después te vas. La relación entre maestro y alumno dentro de las artes marciales japonesas existe mucho. Pero bueno, si dejamos que se vaya perdiendo va a llegar el momento en que van a entrar al salón y van a decir “Qué hacés flaco, ¿Hoy qué hacemos?”. Que hay algunos lugares en que lo hacen, entran y le dicen al profesor “Qué haces Carlitos, como te va, ¿Cuántas abdominales hacemos?”. Yo lo he visto, entonces trato de que no se pierda esa relación de respeto.
En marzo de 2006 Jorge Telerman asumió como Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Una de las primeras cosas que intentó hacer, fue tomar la conducción y administración del Jardín Japonés. La Fundación Cultural Argentino Japonesa, quien hoy lo administra; se opuso férreamente. También lo hizo Néstor Varzé, quien durante tres años trabajó gratis para la Fundación y por estos días presta su colaboración. Actualmente el Jardín Japonés está declarado de interés turístico por la Subsecretaria de Turismo del Gobierno de la Ciudad.

El año pasado le enviaste una carta a Jorge Telerman. ¿Tuviste alguna respuesta?
—No. Se hicieron los... no voy a decir la palabra. Como se hacen siempre, se hicieron los “eso”. Mira, yo no sé nada de política, ni me interesa la política. A mí me interesa hacer artes marciales, estar bien con mi familia, no molestar a nadie y yugarla como la yugan todos: laburar. Pero me molestó mucho que un día llegué acá y me dijeron que había asumido Telerman y que quería tomar la dirección del Jardín. O sea quería que el Gobierno de la Ciudad manejara el Jardín Japonés. Y este señor, como todo político, quería ganar puntos. A mí me molestó mucho. Yo trabajo en la zona de Congreso, si vos andás por ahí o por cualquier rincón de Buenos Aires, vas a ver que hay muchos chicos en la calle, familias enteras. Entonces ¿por qué no se fijan en eso?. Hablando mal y pronto, porqué no se dejan de joder y usan el poder que tienen como políticos y solucionan eso. En vez de venir a fijarse acá, al Jardín Japonés, a ver cuánto cobran la entrada, si el Jardín Japonés da ganancia, si la ganancia se la pueden agarrar ellos. Me dio mucha bronca porque dije “Uno no los vota para eso”. Aparte, no sé, yo vengo al Jardín Japonés desde que era chico. El Jardín Japonés desde que lo agarró la Fundación Argentino - Japonesa, es uno de los mejores lugares para visitar de Buenos Aires.

¿Vos en la fundación que haces?
—Yo en la fundación me dedico a de todo lo que lo que tiene que ver con los samurai. Monto el espectáculo que viste hoy y doy las conferencias sobre arte samurai, todo lo que tiene que ver con ellos. Las armaduras, las armas, pinturas y todo lo hacemos gratis. Todos venimos a laburar gratis. O sea, acá no existe eso de que venimos, nos llenamos de plata, me llevo yo, te llevas vos. Venimos y ponemos todos el lomo por lo que nos gusta. A mí me encanta hacer las armaduras, venir, que la gente venga y vea lo que viste vos.
“No gasten energía en politiquería por la concesión del Jardín Japonés, pónganla en lo que es su deber, el bogar por las miles de almas que hoy claman por un plato de alimento. Y si realmente no comprenden ninguno de estos valores, de corazón les ofrezco mi espada para que lleven a cabo el HARA KIRI.”

Es para resaltar la última frase, la del Hara Kiri.
—La espada, les presto la espada. Que se dejen de joder, perdoname la expresión, pero que se dejen de joder. El pueblo se está cagando de hambre, perdoname la expresión, y ellos se fijan si acá en el Jardín…., porque vos viste cómo es, esto da resultado, acá vamos y comemos. Y vinieron, y por suerte la embajada lo peleó y lo peleó. Las entradas son muy baratas (N. de R.: tiene un valor de $5). Vos mirá las instalaciones del lugar y te vas a dar cuenta que con lo que cobran la entrada es muy difícil mantenerlo así, los empleados se desloman laburando. Porque acá vienen y laburan, me ayudan a mí. Mira que yo vengo de afuera y laburan conmigo, transpiramos. Entonces, eso tienen que mirar, aparte te digo, no quisiera que pasara lo que pasó con el zoológico en un tiempo. Que daba lástima ir al zoológico, hasta que lo agarró una empresa. Y el Parque de la Ciudad ves como está. Entonces yo vi eso. Chau, al diablo con el Jardín Japonés, Buenos Aires se quedó sin el Jardín Japonés. Entonces fue, viste onda, avisarle a la gente “Miren que está pasando esto”. Porque la gente no sabía. Ponían cualquier cosa en el diario. Que entraba no sé cuanta plata por mes y yo te invito a que vayas a la boletería y, contés cuanta gente hay acá laburando, que les tienen que pagar el sueldo y vas a ver que no alcanza.
De vuelta al dojo y alejado de la política, Néstor Varzé hace dos años viene preparando "El Golpe del Dragón", el espectáculo más importante de artes marciales que se va a realizar en América Latina, según sus palabras. Auspiciado por las embajadas de Japón, China y Tailandia, el Sensei intentará batir un nuevo record mundial rompiendo cincuenta barras de hielo de un solo golpe.
—El espectáculo lo estamos armando junto con grupo de amigos, entre los que están Carlos Suárez, el director de Red Marcial y Gabriel Schulz que es el director de la Revista Maestros. De todo lo que es armado y marketing se encarga Claudia Amaderna. Tenemos toda gente profesional en lo suyo. Te digo más, al show vienen luchadores de Sumo de Japón de esos de doscientos kilos, que nunca vinieron al país. Lo estamos montando con gente de cine y de teatro, para que no sea solamente una exhibición de artes marciales. Va a ser un show, todo con juego de luces, música en vivo, todo muy tipo, no se si decirlo así, pero tipo show internacional de Hollywood, bien montado. Se invitó gente del Guinnes, y bueno, están los mejores exponentes de cada arte de nuestro país, los más antiguos. Están los más renombrados. Y todo el mundo laburando bien, todos aportando. Te digo la verdad, no tenemos un mango pero estamos armando un espectáculo en el Luna Park que no sabemos cómo lo estamos haciendo. Hace 18 meses que estamos trabajando y armando el show que va a ser el 21 de diciembre en el Luna Park, y bueno, yo entrenando a lo pavo.

¿Entrenas rompiendo barras de hielo?
—Rompiendo no. Porque por ahí me puedo lastimar. Rompí los primeros meses y después rompí para hacer las propagandas de televisión. Y ahora ya hace cinco meses que no toco una barra de hielo hasta el 21. Directamente ese día, estoy entrenando las manos sí, con los aparatos, para fortalecer las manos y todo. Espero; creo que lo voy a hacer porque vengo entrenando duro hace dos años. El único día que descanso es el domingo, porque hago el espectáculo acá en el Jardín.

¿Cómo preparás la cabeza y el cuerpo para romper las barras de hielo?
—Primero, hace cuarenta años que hago artes marciales. Después, me dedico a la rotura desde los diecisiete, y después es un poquito estar loco, como me dice mi pareja; “Vos estás totalmente loco”. No sé si estoy totalmente loco, pero un poquito sí. Porque cada vez que lo pienso, sí, debo estar un poco pirucho, pero bueno, es lo que me gusta.

Más allá del impacto - Filosofía Marcial

Por Sabrina Díaz Virzi

No todo el mundo duerme como uno, come como uno, o se viste como uno. Desplegar la perspectiva es ver más allá, y descubrir que hay mucho para decir acerca de los estilos de vida. Una determinada cultura, sociedad o ámbito particular puede imponer algún modo de vida a las personas que allí habitan. Sin embargo, aunque ciertas influencias se hallan muy lejos geográfica o culturalmente, hay quienes eligen vivir de una forma particular, rigiendo sus actos y ajustando sus comportamientos a códigos estrictos. Los artistas marciales son un ejemplo de ello.
Las artes marciales se definen como aquellas técnicas de combate utilizadas por el hombre para defenderse. Pero todo no termina en los golpes, sino que el practicante, para lograr ser un buen artista, deberá incorporar cierta disciplina, meditación y un determinado comportamiento ético, según el estilo practicado. Precisamente, en las metas perseguidas reside la diferencia básica entre un deporte y un arte marcial. En el fútbol se buscarán hacer goles, en el rugby correrán por lograr un try, sumar puntos será la meta de los tenistas. Todas metas físicas, específicas, concretas. Pero el artista marcial tendrá como objetivo vivir de acuerdo a su arte en todos los momentos de su vida, combinando elementos físicos con aspectos filosóficos y espirituales. Agustín Rosendi, profesor y 4º dan de kempo bujitsu, indica que “lo que rige y está en concordancia con todas las artes marciales es esa conducta, esa búsqueda espiritual que tendría que ser común a todos, no importa si es karate, bujitsu, jujitsu, kung fu… Porque todas las artes marciales deberían buscar esa espiritualidad, ese perfeccionamiento, ese conocimiento de sí mismo –en el sentido de conocer las propias capacidades y limitaciones”.
Ese ideal de perfección –en constante búsqueda- está regulado a través de estrictos preceptos que varían según las zonas de origen y el tipo de práctica. Uno de los más célebres (tal vez por cierto idealismo romántico con el que suele tratarse al pasado poco conocido) es el código Bushido (o “camino del guerrero”), que guió la vida de los samurai en los tiempos de los emperadores japoneses. Su gestación estuvo fuertemente influenciada por el budismo Zen y el confucionismo y fue transmitido oralmente hasta mediados del siglo X, cuando comenzaron a circular algunas versiones escritas.
Este “código de conductas adecuadas para el caballero combatiente”, tenía su eje en el honor: bastaba un insulto en la calle para batirse a muerte con otro samurai o cualquier persona. Además, incluía entre sus principios básicos la honradez y la justicia (“para un samurai sólo existe lo correcto y lo incorrecto”); el valor heroico; la asistencia incondicional a los compañeros, ayudándolos ante situaciones adversas aún a riesgo de perder la vida; la cortesía, que refiere al trato respetuoso con los enemigos; la sinceridad absoluta (“la palabra de un samurai es tan firme como el metal”); el deber y la lealtad.
El incumplimiento de alguno de estos preceptos, el deshonor o la derrota ante un enemigo eran motivos suficientes para inflingirse la propia muerte o “suicidio ritual” (seppuku), considerado un acto de honor y valentía con el que se honraba a la familia. Así, el código Bushido exigía una particular concepción de la muerte, que implicaba apreciar la vida desde el momento de su fallecimiento, como si ya estuvieran muertos.

Seppuku - Ceremonia Fallida


Los samurais no despreciaban la vida, sino que la veían de otra manera. Creían que sólo el ignorante y el cobarde le temen a la muerte, simplemente, porque todos vamos a llegar a ella. Entonces, creían en la “buena muerte”: “ya que todos vamos a morir, yo prefiero elegir cómo. Morir como un cobarde o como un valiente. La muerte no es una maldición; la maldición es morir en desgracia, morir en deshonor”, explica el profesor Rosendi. Esta particular apertura mental hacia la muerte, así como la gran influencia ejercida por la filosofía samurai en todas las tradiciones de Japón, fue relacionada en ocasiones con la psicología de los pilotos kamikaze (que significa “viento divino”) de la Segunda Guerra Mundial.
Hoy en día, este código ya no se sigue porque “si no nos tendríamos que matar apenas nos insultan”, argumenta Rosendi. Lo que sí está intacto es aquello que las artes marciales le aportan a la vida del practicante como un principio ético. Ya que este tipo de arte “no se hace para quien está afuera mirando sino que se hace para uno mismo. Oscar Cirone, titular de la Asociación Argentina de Kendo y Iaido, 4° dan de Kendo y 5° dan de Iaido, estilo Seitei, afirma que este tipo de arte “Si no le sirve a uno, si no le sirve a su interior, no le sirve para nada”.

El pacificador

Por Yanina Berezán

El Aikido fue creado por el maestro Ueshiba Morihei en el año 1939. O’ Sensei (Ueshiba) nació en 1883 en la ciudad de Wakayama. Su familia practicaba la religión budista “Bukio-Shim-Gom-Shiu”. Su adolescencia estuvo signada por un híbrido conformado por sus creencias, el contacto con la naturaleza y sus sueños: ser comerciante y combatir en el ejército. A los 17 años viaja a Tokio donde se dedica al comercio con un pariente. Por las noches practicaba Jiu-Jitsu. Tres años más tarde ingresaba al ejército, donde desarrollaría aún más su aptitud en las artes marciales. A los 29 años viajó al extremo norte de Japón, donde recibió la enseñanza de diversos maestros, que ayudarían a originar el Aikido. Ocho años más tarde regresó a su hogar donde se encontró con un monje que sería decisivo para su camino. De las conversaciones con él, Morihei se dio cuenta que el arte marcial no es solamente luchar y confrontar con el cuerpo, sino que además es necesario saber ejercitar el espíritu, si se quiere llegar a una real profundidad y conocimiento. Así, se va introduciendo en el mundo de la filosofía zen. En 1939, su arte es reconocido por el gobierno de Japón y así decide llamarlo Aikido. Se forma la Federación Kobukan Hombu Dojo. O’ Sensei muere en 1969.

El Aikido por dentro

Las características de este maestro hicieron que este arte marcial sea muy especial, y que uno de sus principales componentes sea la paz interior. Él decía “Aikido no es la oposición de dos fuerzas materiales en la que la mayor se impone a la menor, sino la perfecta asociación de dos estados de espíritu diametralmente opuestos en el que uno de ellos, de naturaleza benéfica, vencerá iluminando al adversario”.
Por eso la palabra Aikido puede traducirse como “el camino (DO) para unir (AI) toda nuestra energía interior (KI)”. Esta apertura mental que caracteriza a la práctica, crea un clima sumamente sano en el Dojo (lugar donde se realiza el arte).
Se dice que el Aikido es sumamente beneficioso para la salud, su ejercitación fortalece la columna, tono muscular, procura corregir inconvenientes físicos. Algunos estilos enseñan el Aikido como una filosofía de vida y como un medio para el desarrollo espiritual y el intercambio social, tomando el aspecto marcial sólo como ejercicio. Otros lo asumen como un combate ignorando su espiritualidad. Algunos también dicen que es un arte que se ha debilitado, definiéndolo tan sólo como una danza. Pero si se practica con conciencia y voluntad, es una de las artes más eficaces.

Algo más que movimientos


Ya que uno de los principios más importantes del Aikido es el que sostiene que la mente y el cuerpo son uno, cuando el individuo actúa en consecuencia, desarrolla gran poder. Debido a que los movimientos del Aikido son de naturaleza circular, requiriéndose flexibilidad, equilibrio y timing, no hay necesidad de entrar en conflicto con la fuerza del oponente.
Los golpes básicos son:
Shomen Uchi: golpe de frente a la cabeza con el canto de la mano.
Yokomen Uchi: golpe lateral a la cabeza con el canto de la mano.
Tsuki (chundan): golpe de puño sobre la parte central del cuerpo.
Además hay, entre muchas técnicas, cinco principios de inmovilización:
Ik Kyo: control del codo empujando hacia la cabeza en círculo.
Ni kyo: el mismo movimiento que Ik Kyo con acción sobre la articulación de la muñeca, del codo y del hombro.
San Kyo: Ik Kyo con control del canto de la mano y movimiento en espiral.
Yon Kyo: Ik Kyo con aplicación, sobre la cara interna del antebrazo, de una presión con la primera falange del dedo índice y movimiento de sable.
Go Kyo: técnica particular para ataque de cuchillo, mismo principio que Ik Kyo pero diferente control de la muñeca.

El hábito hace al monje

Los aikidokas (aquellos que practican el Aikido) utilizan un vestuario especial. Por lo menos es la idea que se originó desde el principio y que se trata de mantener a través del tiempo. Una de las piezas más tradicionales es el hakama¸ una pollera-pantalón. Los hakama originalmente tenían la intención de proteger las piernas de los jinetes de la maleza. El cuero era muy difícil de obtener en Japón, así que se usaba ropa gruesa en su lugar. Después de que los samurai fueron desmontados como clase y se convirtieron en soldados de infantería, persistieron en usar las vestiduras de jinete porque los separaba y los hacía fácilmente identificables.

Se dice que los 7 pliegues en el hakama (5 en el frente, 2 en la parte de atrás) tienen el siguiente significado simbólico:
Yuki = coraje, valor, valentía.
Jin = humanidad, caridad, benevolencia.
Gi = justicia, rectitud, integridad.
Rei = etiqueta, cortesía, civilidad (también significa reverencia/rendir tributo a alguien).
Makoto = sinceridad, honestidad, realidad.
Chugi = lealtad, fidelidad, devoción.
Meiyo = honor, crédito, gloria; también reputación, dignidad, prestigio.

Niveles jerárquicos

La estructura jerárquica del Aikido es parecida a la adoptada por las mayores artes marciales. Los estudiantes de este arte están divididos en dos categorías: una incluye los grados kyu, y la otra los grados dan.
A los grados kyu (mudansha) pertenecen los estudiantes que aún no han recibido su cinturón negro. De acuerdo con su nivel de experiencia, estos son subdivididos en grados que usualmente cominezan con el sexto. Kyu (el más bajo) y progresan en forma ascendente hasta el primer kyu. En la mayoría de las escuelas todos los estudiantes de grado kyu utilizan el cinturón blanco en sus uniformes. En algunas otras escuelas, sin embargo, se utilizan cinturones de color para diferenciar al grado kyu al cual se pertenece, como se acostumbra en otras artes marciales. A los grados dan (yudansha) pertenecen aquellos estudiantes de Aikido que ya han obtenido su cinturón negro. De acuerdo a su experiencia y habilidad, estan divididos en grados que van en forma ascendente desde el 1er. dan (shodan) al 9no. dan (kyudan) y siguiente.

En Busca del Satori Perdido



JORNADA DE MEDITACIÓN ZEN EN UN DOJO PORTEÑO

Por Renzo Iacomella

Para tener algo que decir acerca del amanecer del bosque hay que atravesarlo caminando. De noche. En eso estábamos cuando, queriendo conocer algo más acerca del Zen, decidimos practicarlo. Y la mejor o la única forma de hacerlo es practicando zazen, adoptando de una vez y para siempre la “postura de loto”, salteando los ejercicios previos mediante los que -por ejemplo- el yoga ablanda el cuerpo y el alma, y los dispone para la iluminación. El zazen se diferencia en ser un golpe directo sin previo aviso, una estatua esculpida en un sólo gesto del cincel. Es la segunda parte de Full Metal Jacket, el famoso film de Stanley Kubrick, sin las escenas en el campo de entrenamiento militar. Claro está que aquí no es que entramos directamente a la guerra, a la lucha por la muerte del enemigo, sino -todo lo contrario- al silencioso y meditabundo camino del despertar personal, del satori: el quiebre de la cíclica cadena de reencarnaciones que para el budismo anuda el tejido de la existencia. Lo que significa algo sencillo, glorioso y tranquilizador: ya no tendremos que volver a morir. Nunca más.

Este camino se inició en el hall del Zen Center Latin America que nos llevó a la escalera, en la escalera que nos llevó a la puerta, la puerta a un pasillo, el pasillo al dojo. Antes de entrar debimos quitarnos el calzado y aligerarnos de ropa hasta estar lo suficientemente cómodos. Las dimensiones del vestuario obligan a salir cuando entra el Sol. Aquellos que asisten al dojo y realizan la práctica semanalmente ya poseen sus casilleros y la indumentaria adecuada: los hábitos. Dispuestos en un estante se alineaban los zafus, almohadones negros y maleables sobre los que se sientan los practicantes para adoptar la postura de loto.
- Che, me parece que te agarraste el mío – reclamó uno de ellos a su compañera.
En una pared lateral se leían algunas contraindicaciones, en el sentido que anuncian aquello que no hay que esperar del zazen: “Es una postura del despertar. Durante su práctica no hay que querer alcanzar nada, sea lo que sea. Es solamente concentración sobre la postura, la respiración y la actitud del espíritu, sin objeto”. Sin embargo, no supimos desembarazarnos de nuestras expectativas y nervios mientras avanzábamos en absoluto silencio hacia el umbral del dojo. La habitación y nuestro recorrido por ella estaban divididos en dos instancias desparejas: Una línea bajo un inmediato segundo umbral indicaba la frontera entre el diminuto afuera y el prometedor adentro, al que sólo se podía ingresar con el pie izquierdo. Nos ubicamos entorno al altar de Buda, siempre avanzando en el sentido de las agujas del reloj sobre la alfombra roja. La cantidad de practicantes era excesiva para aquella habitación rectangular de paredes blancas, y se hizo trabajoso disponerse sobre el zafu, con las piernas en loto rozándose disimuladamente, en silencio, para no evidenciar las limitaciones materiales de la mística jornada que ya daba inicio.
Estrictamente, la práctica es mirar una pared blanca durante cuarenta minutos. Mejor: uno debe tener los ojos abiertos sobre la pared pero no mirarla. Debe centrar su atención en la respiración forzando los límites de su cuerpo, pero sin pensar en nada. Haciendo propia la consigna, cruzamos las piernas, recogimos el mentón, estiramos la nuca y relajamos el vientre. En la posición de loto la nariz debe encontrarse en la vertical del ombligo. La mano izquierda sobre la derecha, con las palmas al cielo, contra el abdomen. Los pulgares en contacto y la lengua, tocando el paladar. En el primer intento, uno se siente un Frankenstein cuyos pedazos pretenden fugarse gritando, montados al galope en diez mil contracturas, cada uno hacia su respectivo dueño original. El eje del cuerpo se pierde completamente y uno se va yendo de lado, mientras transpira la gota gorda por no interrumpir el eventual satori del vecino.

Hay dos demonios en la práctica del zazen: por un lado, realizar de manera demasiado relajada la postura, al punto de dormirse; por el otro, nunca poder realizarla y ser todo el tiempo una maraña pelusa de quejas. Una araña pata larga muriendo pero sin morirse, publicando su agonía en cada músculo del cuerpo. En eso estábamos nosotros cuando se dio inicio al curioso remedio que da muerte a ambos demonios: una tabla de madera con la que te pegan un palazo en cada hombro. A lo lejos se oyó su desenfundar y se oyeron los sablazos cortando el aire hasta la espalda de varios practicantes. Pero se oyeron también sus gestos de alivio, su reincorporación al meditar divino, como quien recibe un relámpago de Gatorade en el omóplato.
La primera parte de la jornada terminó rato después. Antes de ponernos de pie hicimos una reverencia y luego nos sumamos a una fila india que avanzaba a paso de oruga en torno al Buda. Sobre el pecho colocamos las manos, como si una detuviese el golpe de puño de la otra. Cada pequeño paso debe estar sincronizado con la respiración, y como algunos respiraban menos o más lento que otros, se produjo un respetuoso embotellamiento en algún tramo del circuito. Finalmente volvimos a nuestros zafus. Y volvimos a la pared blanca, para otra media hora de meditación.
La práctica del zazen se realiza al amanecer y al atardecer, momentos del día en los que los cambios de la naturaleza se manifiestan de manera radical en el jardín interno del dojo. Cuando llega alguno de estos dos momentos, todo el encuentro es coronado por una ceremonia. El tintineo de una campanita y un par de golpes como de toc-toc anunciaron entonces el ingreso de una reducida comitiva a la que nunca miramos directamente, algunos porque ya conocían sus menesteres, otros por miedo o porque ya estábamos obsesionados con la idea de mirar un solo punto fijo, así se cayera el edificio a pedazos.
En un gesto final, todos los presenten nos pusimos de pie y nos arrodillamos repetidas veces, mientras cantamos en japonés el Prajnaparamita Hridayan, el Sutra del Corazón, que reza: “Vamos todos, vamos todos, más allá del más allá”. Como diría Cortázar: cantamos el himno y nos retiramos en buen orden. Al salir, claro está, nos cuidamos de pisar afuera, esta vez, con el pie derecho.


Hágalo usted mismo - Postura en Zazen explicada por Deshimaru

viernes, 28 de septiembre de 2007

El origen de todo


Desde que el hombre es hombre, debió aprender a rechazar a sus predadores para sobrevivir. Así nacieron las artes marciales. Las antiguas culturas de Persia, Mesopotamia, Egipto y China, crearon sistemas de enfrentamiento transmitidos de generación en generación que otorgaban un rango especial dentro de cada organización social. Secretos milenarios que comenzaron a difundirse hace ya cuatro mil años.
Cuenta la leyenda que un monje budista llamado Bodhidharma viajó a la provincia de Honan (China) en el año 520 D.C., para enseñar en un templo Shaolín una técnica denominada Los doce movimientos. El monje la desarrolló observando las formas de combate animal, y condensándolas en ejercicios de disciplina tanto física como mental.
Si un monje era expulsado de un templo Shaolín, su manutención corría peligro. Es por esto que, como forma de supervivencia, quienes quedaban fuera de los muros fundaban escuelas para enseñar las artes milenarias allí aprendidas. A medida que los secretos de combate se difundían por el mundo, cada civilización fue haciendo su propio aporte. Cubriendo las diferentes técnicas con sus ideologías y filosofías. Haciendo cada disciplina única, y cada región diferente.
Las proezas físicas de estos guerreros son legendarias, y sus ecos llegan hasta nuestros días. Trascendiendo todo tiempo y toda geografía. A través de sus maestros, su historia, sus armas y su cultura; buscamos indagar en la filosofía que impulsa cada disciplina.
Ayer como hoy, Los doce movimientos son un punto de partida. Ojalá nos acompañen.

jueves, 27 de septiembre de 2007

Katanas - El arte de matar


El legendario e irrompible sable Samurai es considerado por muchos como el arma más poderosa de las artes marciales. Fabricada durante siglos con acero plegado de Damasco, su filo sentencia a la pena de muerte. El mito detrás del metal, sus usos actuales, modos de fabricación y su presencia en nuestro país, en esta nota.

Por Jimena Sánchez


"El que desea sacar la espada es un principiante. El que puede sacar la espada es un experto. El que es la espada misma es un maestro"
(Risuke Otake)


El alma Samurai está forjada en acero. Y no es una figura literaria. Los 21 gramos del experimento que alimentó el mito del alma humana, suben a aproximadamente un kilo cuando se trata del espíritu de un guerrero japonés.

En las calles del Japón feudal, eran fácilmente reconocibles por portar dos espadas: la Katana (de 60 a 90 cm.) y una más pequeña llamada Wakisashi destinada al uso en espacios cerrados. Este conjunto se denominaba Daisho y representaba el status máximo de los Samurais, simbolizando, por ser privilegio exclusivo de la clase, el orgullo del guerrero. Llevaban consigo también una tercera arma: el Tanto. Esta especie de puñal fino no se llevaba a la vista y era usado sólo en caso de emergencia.

Tres puntos importantes diferencian a la Katana de cualquier otro sable: su eficacia como arma, lo minucioso de su hechura y su carácter representativo. La combinación de filo y agilidad de desenvaine acentúan su poder, que radica en haber sido diseñada para matar. Para que un corte sea suficiente y ponga punto final a cualquier batalla.

Más allá de su potencia física se esconde un mito, tal vez más poderoso que el acero.

Héroe de Leyenda

Si un niño estaba destinado a ser Samurai, al cumplir los 15 años durante una ceremonia conocida como Genpuku recibía un nombre de adulto y comenzaba a tener el derecho de portar una Katana. Por lo general el sable estaba asegurado con cuerdas para evitar su desenvaine accidental.
El hecho de estar sujeto por amarras, se debía a la creencia de que un portador de sables era un señor dador de vida o muerte. Una vez desenvainado, el sable debía usarse. Sí o sí. Se creía que la Katana reclamaba una víctima en compensación por "haber sido despertada".

Debido a que el samurai consideraba al sable como su propia alma, si esta era tocada por otro bushi (hombre de guerra) se desataba un duelo ineludible. Ahora, si quien cometía tal error no pertenecía a la nobleza, esto significaba su inmediata muerte a manos del dueño de la espada.

Los Samurai llevaban siempre su Katana consigo, inclusive mientras dormían. La unión entre guerrero y metal era como el fuego que templa el sable.

Mil hojas

“No conozco otra arma que requiera de una técnica tan precisa. Cada detalle debe estar cuidado minuciosamente para que el resultado sea una pieza excepcional. Su diseño es muy delicado desde la fabricación del acero, la utilización de distintos niveles de carbono para el núcleo y el exterior, la técnica única de templado que da como resultado más dureza en el filo que en el lomo de la hoja (hamon), y un pulido y afilado sumamente complejos”. Félix Rusconi habla desde la experiencia que le aportaron horas y horas en el taller de Miguel Gugliotta, uno de los pocos artesanos forjadores de Katanas de nuestro país. “Solo se puede entender lo que una Katana representa teniéndola entre tus manos”, afirma Félix.



Las espadas japonesas son fabricadas mediante un elaborado método de calentamiento reiterado. Plegando y uniendo el metal. Su curvatura distintiva se debe, en parte, al trato diferencial al que es sometida durante el calentamiento. En contraste con la mayoría de las espadas producidas en el mundo, los herreros japoneses no endurecen el sable completo, sino únicamente el lado que posee filo. La combinación de un lado duro y otro blando es la causa de su resistencia, a pesar de retener un filo extremadamente cortante.




Para aprender a manejar una Katana, existe un tipo de arma llamada bokken, que tiene la misma forma pero está realizada en madera. Su aplicación sirve para perfeccionar el movimiento sin ningún tipo de peligro, y así practicar durante los entrenamientos para llegar a un verdadero Kumiai, tal como se denomina al combate con Katanas.

Japón, Rosario, Soldati, su ruta

En Argentina hay dos maneras de conseguir una Katana: encargarla a un forjador artesanal, o adquirirla a uno de los distribuidores que importan armas realizadas, por ejemplo, en Tailandia. Thaitsuki Nihonto es un ejemplo de esta última opción. Instalados en Rosario (Santa Fe) importan Katanas que rondan entre los 450 y los 1000 dólares. En esta tierra alejada del imperio del Sol, se utilizan para la práctica de artes marciales como el Iaido, Kendo, Iaijutsu, Ninjitsu y para la práctica de Tamashigiri (corte de juncos y bambú).


Los que no se olvidan de lo artesanal, pueden encontrar refugio en el taller que Miguel Ángel Gugliotta tiene en Villa Soldati. “La Katana es una pieza que despierta admiración y también tremendas fantasías. Con el correr del tiempo se le han adjudicado proezas sensacionales tales, que poca gente sabe con seguridad de lo que es capaz una Katana bien esgrimida. Para esto es indispensable que el arma esté forjada para la persona que la va a usar, no sólo considerando en sus medidas físicas, sino teniendo en cuenta su personalidad. Sólo así se puede lograr que el sable sea la continuación de su mano”, explica Miguel.

Miguel y Félix afirman que el tiempo que se tarda en hacer una Katana depende del tipo de acero, el estilo de la hoja, y el Koshirae (partes que conforman la empuñadura). “Puede tardar seis meses, un año, o un año y medio. El tiempo lo exige cada Katana. No se puede apresurar el proceso sin correr el riesgo de disminuir la calidad”, sostienen.

El fuego de la pasión en el taller de Gugliotta también es literal. Como el alma Samurai forjada en acero. Entre llamas arde lo que en tiempo indefinido será una nueva Katana. Su dueño espera paciente el encuentro con una parte de si.



Hattori Hanzo le entrega su katana a Mamba Negra en el film Kill Bill.

Golpes milenarios y sabiduría oriental

Por Sabrina Díaz Virzi

Copiar movimientos de animales sigilosos. Ejercitar los puños. Controlar la respiración. Pegar patadas. No bajar la guardia. Vivir intentando hacerlo cada día mejor. ¿Qué es lo que une todo esto? Un arte marcial que David Carradine popularizó en los ‘70 con la serie estadounidense que llevaba su nombre: el kung fu. Pero este arte milenario implica mucho más de lo que se veía por televisión.

El término “kung fu” proviene del chino cantonés y su significado es “desarrollo total” o “maestría” (kung: trabajo; fu: maduro, sabio). Carlos Galarza, 5º tuan en kung fu, campeón mundial en Pekín y profesor de artes marciales, ejemplifica: “si sos cocinero, vas a buscar la maestría en cocina e intentarás ser el mejor cocinero. Lo mismo en el combate o en cualquier actividad. Buscarás ser el mejor”.

El kung fu nace en los templos Shaolin de China de la mano de monjes budistas que, debido al clima adverso y la altura elevada, desarrollaron una serie de ejercicios aeróbicos para mejorar su respiración, circulación y condición muscular y mantener su salud. Además, los constantes robos y asaltos que éstos sufrían hicieron que estas técnicas comiencen a incluir métodos de defensa y ataque. Ellas estaban inspiradas en el estudio de las posturas de diferentes animales. Así, los monjes adaptaron el medio que los rodeaba para la confección de este arte marcial. Por ejemplo, todas las armas que se manejan (bastones, lanzas, cuchillos o espadas) son herramientas de labranza que éstos comenzaron a utilizar para defenderse.

La jerarquía de los practicantes se pone en evidencia a través del uso de cinturones de diferentes colores que varían según la antigüedad y los exámenes rendidos: el blanco es para los recién iniciados y el negro es el de los más sabios, pasando por verde, azul o rojo con varios escalones (plasmados en cintitas blancas cosidas en el cinturón). Esto también tiene su origen milenario, ya que los monjes que recién comenzaban a practicar tenían su vestimenta blanca y limpia pero, con el tiempo, ésta debería ir ensuciándose con el verde del pasto o el rojo de la sangre, lo que implicaba que era una persona dedicada en la actividad. Por eso es que la tradición indica que los cinturones no deben lavarse y son un objeto preciado y personal de cada practicante.

Pero el kung fu no sólo implica una rigurosa preparación física sino también espiritual: existe una diferenciación entre el kung fu dedicado a ejercitar el cuerpo (externo) y aquel que entrena la mente y el espíritu (interno). “Son hermanas, como el jing y el jang, como la vida: el cielo y la tierra, el agua y el fuego, el sol y la noche, el hombre y la mujer. Todos son complementarios. En los templos se practicaba combate para endurecer el cuerpo, y se meditaba para trabajar la energía”, explica Carlos. En Occidente, la expresión kung fu sólo hará referencia a las técnicas bélicas (externas) de este arte milenario pero, “tarde o temprano, un cinturón negro necesitará encontrar el centro, la dualidad, es ahí donde el tai chi es esencial para trabajar el espíritu”. El nombre que recibe este arte marcial varía según la región política donde se practique: en Taiwán se denomina kuo shu (“arte nacional chino”), mientras en China continental su nombre es wu shu (“arte popular chino”).

Los estilos de kuo shu o wu shu se multiplicaron, principalmente, por la geografía del terreno donde se practicaba (montañas, pantanos, junglas o llanuras) y por eso se dice que “existen tantos estilos como días del año”. Sin embargo, hay muchas técnicas que desaparecieron como consecuencia de las peleas a muerte que se realizaban en la antigüedad con el objetivo de poner a prueba los estilos, en las cuales el ganador se apropiaba de la escuela del derrotado. Por ejemplo, el “estómago de algodón” era un estilo interno que trabajaba la energía pero desapareció porque no podía competir con otras técnicas más fuertes para el combate.

Estas artes pueden subdividirse también según su lugar de origen: en el sur de China, el trabajo con las piernas constituyen el eje del combate, hay saltos y mucha acrobacia y sus movimientos son flexibles y elásticos. En el norte, en cambio, los golpes de puño son tan protagonistas como las patadas y sus movimientos se basan en animales que viven casi al ras del piso, como la serpiente o el tigre.

La práctica de un arte marcial incluye tanto las peleas cuerpo a cuerpo (para las cuales el entrenamiento físico es fundamental) como el aprendizaje de las distintas “formas”, esquemas de movimientos de ataque y defensa que, utilizando o no armas, desarrollan un enfrentamiento con uno o más enemigos imaginarios. En el kuo shu o wu shu, estas rutinas preestablecidas de combate fueron diseñadas imitando los movimientos de lucha de distintos animales como el mono, leopardo, grulla, mantis, ave fénix o dragón.

En Occidente, la difusión de este arte marcial comenzó en los últimos años del sigo XIX con la llamada “Revolución de los bóxers”, un movimiento contra la influencia comercial, política, religiosa y tecnológica extranjera en China. Pero la Argentina se inició varias décadas después, con el arribo de los maestros Chen ChingWein en 1970 y Tun Kun Shato en 1972. Este último creó a fines de la década la Federación Argentina de Wu Shu, que continúa vigente hoy en día (presidida por Carlos Díaz) y es la única reconocida por el gobierno argentino. En 1977, llegó el maestro Ling Ching Sung (prestigioso por haber sido uno de los 5 tigres de Taiwán, entrenador de las Fuerzas Armadas e integrante del mítico linaje del templo Shaolin de Henan). De repente, innovó el arte marcial chino conocido hasta el momento en el país, incorporando el estilo taiwanés (kuo shu) muy fuerte y similar al boxeo tailandés.

Actualmente, existen en Argentina muchas escuelas de artes marciales que, además de difundir estas técnicas, organizan torneos locales y compiten a nivel internacional. Entre ellas se encuentra el Campeonato Mundial de Artes Marciales Chinas que se realiza cada dos años.

DIARIO DE COMBATE

Durante siete horas el Jardín Japonés fue el escenario donde artes marciales como el Karate, el Aikido y el Kenpo desarrollaron su amplio repertorio. Distintas escuelas e institutos de la Capital Federal y Gran Buenos Aires mostraron sus técnicas.


Por Emiliano Bezus Espinosa

El sábado 22 de Septiembre el Jardín Japonés organizó una Jornada de Artes Marciales. La misma fue de siete horas de duración y consistió en una muestra de las distintas prácticas de combate orientales, como el Karate, Aikido y Taidokai Kenpo. A $5 la entrada un importante caudal de personas accedió a demostraciones que duraron entre 40 y 50 minutos, mostrando como importante detalle la puntualidad de lo programado.
En la avenida Casares a
l 2966 se erige el complejo oriental, al fondo de su interior el Salón Cultural fue el recinto elegido para el desarrollo de la jornada. En la sala principal del mismo, un tatami de 6 metros por 6 hecho de goma espuma fue la arena donde se desarrollaron las prácticas físicas. Iluminado por el sol que entraba por los amplios ventanales del recinto y los focos que apuntaban al tatami, ningún detalle quedaba librado al azar en la correcta organización del evento. El público (amantes de las artes marciales, familiares de los expositores y algunos curiosos) se ubicaba cómodamente en las sillas que rodeaban al sitio de combate. Toda la ceremonia fue dirigida y presentada por un coordinador del Jardín Japonés, desde un púlpito situado al final de la habitación.

La actividad comenzó a las 11 en punto de la mañana, con la demostración de Aikido realizada por el Instituto Murata Dojo, a cargo del Sensei Katsuyoshi Murata. A lo largo de casi 45 minutos, los integrantes del Instituto Murata desplegaron variados métodos de combate y sistemas de autodefensa, basados en elegantes movimientos circulares.

Al término de la primera exhibición el público fue rotando. Algunos de los que habían ido a ver a sus familiares dejaban el Salón Cultural, otros se quedaban y entraban quienes iban a presenciar la siguiente demostración. Asimismo una señora de limpieza, armada con una palita y escobillón se encargó de limpiar el tatami. Estos dos rasgos se repetirían durante toda la jornada, en cada uno de los intervalos entre los que entraba y salían los participantes de cada instituto y asociación.

A las 12 horas hizo presencia en el tatami la Asociación Okinawa Karate-Do estilo Shohei Ryu a cargo del Sensei Kaoru Miyagi. Primero hubo una demostración del kata (secuencia de movimientos) Kanshiwa en forma de parejas, en la que participaron 4 mujeres y 4 varones, dirigidos por el Sensei. Luego de este kata y los restantes que sucederían a lo largo de la exhibición de la Asociación, se mostró al público el análisis del mismo que consistió en el enfrentamiento de uno contra uno. Promediando la mitad de la presentación el público disfrutó de ejercicios para el cuerpo y la mente, que consistían en la resistencia de golpes al cuerpo: brazos, espalda, tórax y piernas. El Sensei Miyagi golpeaba tanto con el puño cerrado como con la mano abierta a uno de sus alumnos, que permanecía estoico y con la mirada inmóvil. Luego de esas patadas y puñetazos vino la parte en que partieron maderas. Cuadrados de madera de 20 centímetros por 20 y barras del mismo material de un metro y medio de largo y aproximadamente 7 centímetros de grosor, eran partidos por los alumnos. Los espectadores soltaban varios “!uhhhhh¡” cuando los cuerpos eran impactados y fuertes aplausos al momento que las maderas se partían. Por último, el Sensei cerró la exhibición con una demostración de ataques y defensas, basadas en posiciones de animales chinos como la grulla y el dragón. Con el saludo de los alumnos y Kaoru Miyagi al público y luego entre ellos, finalizó a la una menos cuarto la presentación de la Asociación Okinawa.

Luego del correspondiente cambio de público y el aseo del tatami, a las 13 horas arrancó la muestra de Aikido – laido del Instituto Buenos Aires Aikikai – Takemusu Aikikai, a cargo de Roberto Sánchez. Alumnos vestidos con el clásico traje blanco y quienes tienen jerarquía más alta embutidos en la tradicional vestimenta denominada Hakama, conformaban la delegación del Instituto. Roberto Sánchez abrió el espacio con una introducción histórica sobre los orígenes del Aikido, tanto en oriente como en nuestro país. Posteriormente, unos once chiquitos de no más de 10 años de edad, comenzaron con ejercicios físicos, ya que como relataba Sánchez desde el púlpito “Los chicos son los que más rápido se cansan”. También practicaron con una pelota de goma enorme, incluso más grande que alguno de los niños. Cuando se le preguntó a Roberto por este especial ejercicio el contestó “Los chicos aprenden jugando y divirtiéndose”. Finalizada la intervención de los niños, un grupo de dos mayores armados con sus katanas, realizaron un entrenamiento en base a una técnica que “sirve para cortar nuestro ego”. También se mostraron 10 ejercicios para 1er Dan. Algunas de las técnicas que se vieron fueron: Murote Dokinikio, Yomenuchi Ikio, Katamenuchi Kokiunase. Luego de 50 minutos de enérgica actividad Roberto Sánchez y sus alumnos se despidieron, recibiendo un flujo de aplausos y contestando con el clásico golpeteo de las palmas de las manos sobre el tatami.

A las 14 h
oras la actividad nuevamente se reanudó con otra muestra de Karate de la mano de la Asociación Shorim-Ryu de Karate –Do y Kobudo Shin-shu-kan, a cargo de Sensei Emito Ganiko. Luego hubo una demostración de Taidokai Kenpo por la Asociación Argentina de Kenpo y de ahí en más, se sucedieron nuevas exhibiciones de Aikido y Karate. Sin que ningún otro estilo de arte de arte marcial desenvolviera sus energías, la jornada concluyó a las seis de la tarde, hora en que el Jardín Japonés puntualmente cierra sus puertas.

ENTREVISTA A TOSHIRO YAMAUCHI, DIRECTOR DEL ZEN CENTER LATIN AMERICA - Por Renzo Iacomella

EL ARCO Y LA FLECHA

Durante la ausencia del maestro Kosen -que ya se extiende a tres años- el encargado del Zen Center Latin America es Toshiro Yamauchi. El dojo para practicar zazen en Buenos Aires supo estar en la calle Guatemala, luego Medrano, y luego Río de Janeiro. Hoy, la sede central se encuentra en Scalabrini Ortiz, y la primera emoción al entrar en contacto con el lugar es el desengaño; un poco respecto del Zen Center Latin America; otro poco, de su director. No tardará en entender el visitante prejuicioso y/o desprevenido que esto es -justamente- apenas una primera emoción.

El propio Toshiro fue quien abrió la puerta de la sede -que en principio no es más que un angosto pasillo- luciendo una remera negra de rockero o albañil, levemente percutida por polillas en el cuello, estirada en la cintura por la panza de un hombre imponente. El pasillo apenas le cedía espacio para pasar junto al umbral del dojo y para llegar a una puertita final, tras la que se escondía la faz menos esperada, menos solemne y menos oriental de toda la edificación: Una cocina/comedor absolutamente porteña, con una mujer -su esposa- totalmente criolla, de pie junto a la alacena, a la heladera, al almuerzo en plena cocción, tomando mate, y con un nene -su hijo- correteando entre las patas de la mesa y escapando al fondo de la casa al grito de: ¡El vuelo del aguila rubiaaa!

En realidad, toda esta introducción y todo este ambiente tienen mucho más de zen de lo que a primera vista se le aparece al visitante prejuicioso y/o desprevenido. Algo de esto comenzó a desprenderse de las propias palabras de Toshiro:

- No hay nada sagrado en el zen. Muchas veces los maestros prenden fuego las estatuas de Buda para demostrar que no hay nada sagrado. Sin embargo, el hábito con el que nos vestimos es sagrado. Este representa tu práctica, contiene el universo; es lo más puro, lo más alto del zen, después de la práctica. El zen es ante todo el zazen, que es su práctica.

El Zen Center Latin America representa una línea particular del zen entre otras: la del maestro Deshimaru. Deshimaru enseñó la práctica a Kosen, y Kosen enseñó la práctica a Toshiro, como en la cadena de engendramientos del libro de Mateo.

- El zen va cambiando, es como una semilla viva. Cuando fue a China se influyó por el confuscionismo, por el taoismo; en Japón influyó a toda la cultura japonesa, también tomó partes de esa cultura. Cuando fue a Europa, por ejemplo, los parisinos se le escapaban a Deshimaru para ir a tomar a un bar; entonces Deshimaru puso un bar en el templo, cuando en los templos de Japón eso no existía. Nosotros, acá, al quinto día de nuestras jornadas comemos un asadito, que no creo que los japoneses lo hicieran, ni los chinos. Lo que sí se guarda como un tesoro es la manera de practicar y la manera de coser nuestros hábitos.

Más allá de cualquier otra infraestructura, tradición o religiosidad, los elementos esenciales son esos pocos. Por un lado, la práctica: "Consta de dos partes: la ceremonia y la práctica misma. En la ceremonia se recita un sutra que es común en todo el budismo, que lo recitan los chinos, los tibetanos. Es el sutra de la sabiduría, que va más allá del más allá, el sutra del corazón. Pero nosotros hacemos la práctica más larga que esa ceremonia. Ella es la del zazen, la postura del despertar. Durante su realización no hay que querer alcanzar nada, sea lo que sea. Es solamente concentración sobre la postura, el cuerpo en flor de loto, es pura respiración y actitud del espíritu. La cabeza empuja el cielo y las rodillas, el suelo. El cuerpo se tensa como un arco cuya flecha sería el espíritu".

Por el otro lado, la vestimenta: "No tiene ningún sentido estético; su único sentido es para la práctica. Y tiene tres elementos: el kimono blanco, que es japonés; el kolomo, de mangas largas, negro, que es chino; y el tesa que es hindú. Así, la vestimenta de nuestra línea es japonesa, china e hindú, convergiendo", afirmó Toshiro mientras daba un sorbo al mate que sus manos abrazaban hasta hacerlo desaparecer.

También a primera vista, sus rasgos son orientales; con sus ojos de madrugada, su cabeza afeitada y su bigote a lo Miyagi, pero también a lo Cervantes. Pero en esto también la apariencia engaña: Toshiro, en algún punto, no fue siempre Toshiro, y en algún momento fue a Malvinas, a combatir, como otros tantos argentinos, y volvió, rearmó su vida, armó una banda de rock, Luis XV. La misma fue invitada a tocar en un festival en Francia representando a Buenos Aires junto a Charly García, La Portuaria y La Blurder, presentaciones por las que ganaron buen dinero y por las que pudieron pasear tres semanas por Europa. A Londrese Toshiro no quiso ir, veterano de guerra (ya veterano...), y se quedó en París, donde fue a conocer el dojo del heredero de Deshimaru, el maestro Kosen, a quien conoció y con quien practicó durante dos semanas, antes de volver a la Argentina, a cambiar su vida, con la vida ya cambiada.

- Entonces ya tenías interés, ya conocías algo del zen, ¿no?

- Había leído un libro del maestro Deshimaru en el baño de mi vieja.

Los doce movimientos

El creador de las artes marciales, de la técnica de los doce movimientos, Bodhidharma, fue a su vez quien llevó la tradición y filosofía zen de la India a la China. Al llegar al templo Shaolin, vió a los monjes hacinados; fue entonces que les enseñó una serie de técnicas para pelear y matar, para defenderse: el kung-fu. Bodhidharma y el budismo son el punto de contacto entre el zen y las artes marciales.

- Hay tres tipos de budismo -contó Toshiro-. Nosotros nos encuadramos en el budismo mahayana, quiere decir el gran vehículo. En él no interesa la evolución personal, sino que primero ayudás a que se salven todos, que se despierten todos. El final del sutra que recitamos en nuestra ceremonia dice: "Vamos todos, vamos todos; más allá del más allá..." Otro budismo es el vajrayana; es la doctrina del diamante, el budismo mágico. Y el tercero se llama hinayana; es el pequeño vehículo, en el que podemos incluir todas las prácticas que hacen que el hombre individual evolucione, que le hacen bien: el yoga, el tai chi chuan, el tiro al blanco, la cocina, etc. Son prácticas, caminos. El Do está en todas partes: yudo, kiudo... La palabra vía, la palabra camino, está presente en todas esas artes marciales... Pero lo que hay que entender es que el camino está abajo de los pies. Quiero decir: no sólo está en el ikebana, no solo está en el judo; sino que también puede estar en un rock and roll; a cada momento, en cada cosa. Podés tener el despertar a cada momento, actuando en una obra de teatro o jugando al golf.

- Pero entonces, ¿no existe un dogma, una "Biblia zen"?

- Lo más parecido a un texto sagrado como tal son los sutras. Pero el budismo no es para nada dogmático. Buda dice: “Todas las verdades son refutables”. En el budismo no se afirma Blanco/Negro; se afirma Blanco y Negro a la vez. Por ejemplo, una vez estaba un periodista de La Nación con mi Maestro y le pregunta: "¿Qué puede decir de la reencarnación?" Y mi Maestro dice: "¿Quién volvió de la muerte para contarlo? La leña no puede conocer a la ceniza." Termina la nota, se fue el periodista, nos quedamos con mi Maestro tomando una cerveza y él dice: “En mi vida anterior...” Es así, no hay nada irrefutable...

- ¿No se corre el peligro de que se utilice al zen de cualquier manera, poco respetuosa?

- Y... por ejemplo, al karate, kung-fu, en Occidente se ponen categorías, el cinturón, etcétera... Esas pelotudeces también están en el zen, hasta en nosotros mismos: “Ay, yo soy más antiguo que aquel”. Boludos, dice Menotti, hay en todas partes. El zen no está exento de los boludos.

- ¿Vos sos budista?

- Sí.

- ¿Los que practican zazen son budistas?

- No. Tenemos judíos, tenemos católicos. No discriminamos a nadie. Solamente si estás drogado, te decimos "no". Si estás borracho, te decimos "volvé cuando estés bien". Si estás loco, "andá al psiquiátrico y después volvé"... No somos un hospital, no somos una clínica. Nuestro objetivo no es que la gente se cure, que le haga bien. No. Sí invitarlos a que empiecen el viaje hacia el interior, hacia el Buda interior, hacia el Maestro interior.

- Y si te pregunto a vos lo que aquel periodista de La Nación le preguntaba a tu Maestro, si existe la reencarnación, ¿qué dirías?

- No sé. Cada uno tiene que descubrirlo por su cuenta. Por ejemplo, en mi vida anterior...

Libros recomendados

La editorial Kier presenta una colección denominada el Sendero del Guerrero. En esta ocasión les recomendamos tres títulos de la misma para que puedan aprender y disfrutar.


Karate y kobudo okinawense, de Shigeo Nakazato. El autor es un maestro que lleva más de 30 años en la enseñanza estilo Zen Sho Shorinji Kenpo No Tumai Ti. El libro explica las principales características de estas dos artes marciales y su valor es de $40.


La esencia del karate do okinawense, de Shoshin Nagamine. Este maestro, nacido, al igual que el karate en Okinawa, la mayor isla del archipiélago japonés de Ryuku nos deleita con sus palabras acerca de las escenas más importantes del karate y cómo se lo lleva a cabo. Además realiza una detallada revisión histórica y aporta sus experiencias personales que ocurrieron a lo largo de su vida dedicada a este arte marcial. Hay un conjunto completo de fotografías para ilustrar los movimientos adecuados que plasman a la filosofía que los guía. Precio: $38.

Aikido, el desafio del guerrero, de Masafumi Sakanashi. En este libro, Shihan Masafumi Sakanashi desarrolla con claridad los principios básicos de la filosofía marcial del Kaizen, la evolución continua, como una posibilidad real para toda persona que asuma el compromiso de transitar el camino del Aikido. Además de ahondar en la esencia de este arte tan peculiar, es muy accesible ya que su valor es de $20.



Películas recomendadas

Karate kid
Esta película, que ya tiene unos veintitrés años pero que sigue recogiendo fanáticos por todo el mundo, fue dirigida por John G. Avildsen y sus actores principales eran el joven Ralph Macchio y el recordado Pat Morita. La historia es sobre un adolescente (Daniel) que llega a Los Ángeles y debe encontrar nuevos amigos pero en su lugar conoce a una hermosa chica. El problema es que ella era la ex novia del líder de un violento grupo de estudiantes de karate, llamado Los Cobras. Pero Daniel acude al señor Miyagi, un maestro de artes marciales, quien lo había defendido en uno de los ataques de esa banda, para que le enseñe a defenderse.


“El Furor del Dragón”

Bruce Lee dirigió esta película y además la protagonizó junto a Chuck Norris en 1973. Lee va a Italia a ayudar a una mujer que tiene problemas con su restaurante por culpa de unos mafiosos. Cuando éstos se dan cuenta que no pueden con él contratan a otro hombre que le haga frente que es el famoso Norris. Lo más fascinante como en todas las películas de Bruce Lee es contemplar la práctica de las artes marciales que demuestra con todos sus dotes en cada escena.

“Fearless”

Esta es la más nueva de las recomendaciones de esta edición. Protagonizada por Jet Li y dirigida por Ronny Yu tiene lugar en la China de la primera década del siglo XX. El país sufre de corrupción y de la invasión extranjera. El joven Hou Yuanjia mata accidentalmente a su oponente en un combate que era hijo de un mafioso local. Éste se vengará en la familia Huo, y a Hou Yuanjia no le quedará más remedio que huir. Se pasará 3 años en un pequeño pueblo de Tailandia. Durante ese tiempo, una chica ciega llamada Yue Ci, será su guía espiritual.

Lugares para aprender

  • Fundación Aikido Argentina: Echeverría 1582. Tel.: 4781-7187. www.fundacionaikido.org
  • Kyokushin Kai: Rodriguez Peña 1087. Tel: 4813-0096.
  • Leonardo Rodríguez. Cochabamba 2254 Tel: 4941-0333.

Agenda de eventos

Septiembre:

  • 30: Tae – Kwondo: "COPA MAESTRO LEE", Parque Chacabuco sito en Asamblea y Curapaligue.
  • 30: Fiesta Aniversario Kobukan Dojo. A las 15:30 hs.se realizará la fiesta aniversario por los 25 años del Kobukan Dojo en el Teatro Santa María, sito en Montevideo 842. Se verán exhibiciones de Aikido, Brazilian Jiu Jitsu, Hapkido, Kali Filipino, Kung Fu, Ninjutsu, Sipalki y Taekwondo. Más información: 4374-4443.
  • 30: peleas de vale todo mixed martial arts en el microestadio de Ferrocarril Oeste. Consultas: eleushie@hotmail.com. Entradas: $30.


Octubre:

  • 14: "6ª Abierto de Bs. As. TKD. CHAMPIONSHIPS 2007" (Club Ferrocarril Oeste de Merlo Laprida y Garay 200 metros Estación Merlo).